Por: Ramón Avellana Ortiz
La historia de las naciones no se escribe solo con las acciones de quienes ostentan el poder, sino con las omisiones de quienes lo permiten. En México, el calendario marca mayo de 2026 y el panorama es desolador para aquellos que alguna vez creyeron que la democracia se defendía con una marcha dominical. La "sociedad civil", ese ente que en 2022 y 2023 parecía haber despertado con un rugido rosa, hoy parece haber entrado en un estado de hibernación inducida, justo cuando el país más necesita que alguien jale el freno de mano.
La Captura de las Instituciones: Una Muerte Anunciada
Aquellos gritos de "El INE no se toca" hoy resuenan como un eco amargo en las paredes de un instituto que ha sido finalmente colonizado. Tras la reciente designación de los nuevos consejeros —perfiles claramente alineados con la ideología oficial—, el árbitro electoral ha dejado de serlo. Ya no hay un juez imparcial; hay un vigilante de los intereses del régimen.
Lo mismo ocurre con el Poder Judicial. La reforma que hace meses parecía una amenaza técnica hoy es una realidad que se sufre en cada juzgado. La justicia en México ha pasado de ser un ejercicio de legalidad a uno de popularidad y lealtad política. El caso del exgobernador Rubén Rocha Moya en Sinaloa es la prueba de fuego que el sistema ya reprobó: en un país sin jueces autónomos, la impunidad no es un error del sistema, es el sistema mismo.
El Vacío de Liderazgo y la Apatía Ciudadana
¿A dónde se fue esa fuerza ciudadana? La respuesta es dolorosa: se fragmentó. Muchas de las organizaciones que encabezaron la resistencia civil se dejaron seducir por la estructura de los partidos políticos, olvidando que su fuerza residía en su pureza ciudadana. Al institucionalizarse, se alejaron de la gente de a pie, esa que hoy prefiere quedarse en casa viendo cómo el país se transforma en algo irreconocible.
Estamos viviendo la consolidación de un proyecto que comenzó hace ocho años y que hoy, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, no ha hecho más que acelerar. El país va encarrilado en una vía de sentido único hacia una visión de poder absoluto que desprecia los contrapesos.
El Giro Final: El Costo del Choque
La realidad es que México es un tren a toda velocidad que se dirige directo hacia un muro. Mientras más tardemos en organizarnos, mientras más tiempo permitamos que la "sociedad civil" siga siendo un concepto ausente y no una fuerza activa, más caro nos va a salir el choque al final del camino.
Porque el choque es inevitable si no viramos hacia una dirección de leyes y respeto a los valores democráticos. Hoy el costo de organizarse es alto, requiere tiempo, valor y dejar la comodidad del hogar; pero mañana, el costo será prohibitivo. Si esperamos a que el tren se descarrile para reaccionar, lo que encontraremos no será un país por salvar, sino un montón de cenizas y escombros sobre los cuales intentar reconstruir algo.
Al final, cuando no quede más que un país destruido y en llamas, la reorganización será la única opción de supervivencia. La pregunta para todos nosotros es tan simple como brutal: ¿Qué tal si nos organizamos de una vez? ¿Qué tal si no esperamos a que el fuego nos alcance para empezar a buscar el agua?
El freno de mano está ahí, pero necesita miles de manos ciudadanas jalando al mismo tiempo. El tiempo se agota y el muro está cada vez más cerca.


